lunes, 30 de marzo de 2009

Los canarios de Don Santiago



A mi abuelo siempre le gustaron los canarios y siempre desarrolló una afinidad especial con todos los que tuvo.


El primero del que tengo recuerdos nítidos se llamaba Kraus y a mí siempre me hacía mucha gracia oírles cantar, mi abuelo como buen español entonaba una zarzuela y Kraus, como fiel pajarito, piaba los coros. Nunca hizo falta amaestrarlo y había tanta confianza que le podías dejar la ventana abierta, la puerta de su jaula nunca estuvo cerrada, para que diese una vuelta porque sabías que a los cinco minutos siempre regresaba.

Cierto verano mis abuelos se fueron de vacaciones y, como otras veces, dejaron al pájaro al cuidado de mi tía, pero ese año estuvieron fuera más tiempo del habitual y quién sabe si por pena o por otra cosa el pobre canario se murió. Como era de esperar, mi tía se llevó un disgusto enorme porque sabía que su padre adoraba a ese pájaro, así que, para que no sufriese, buscó por toda la ciudad un canario que fuese idéntico a Kraus, y lo encontró, aunque era más gordo. El nuevo canario era tan parecido al anterior que ni mi abuelo se dio cuenta del cambiazo e incluso felicitó a su cuidadora por haberlo alimentado tan bien. Pero claro, aunque parecido, no era Kraus así que a los pocos meses se escapó y nunca regresó. Mi abuelo le estuvo esperando con la ventana abierta muchos días y aunque todos le decían que al pobrecito se le habría comido alguna otra ave siempre tuve la impresión de que se sintió como si el pájaro le hubiese traicionado.

Se sintió tan traicionado que hasta hace pocos años no compró uno nuevo al que llamó Pipo, creo que influenciado por alguno de mis primos pequeños. Pipo era muy bonito, mucho más que Kraus, pero no cantaba tan bien y aunque era muy fiel nunca le dejaron abierta la ventana y, con el tiempo, también aprendió a cantar al ritmo de la Revoltosa o de Luisa Fernanda. Estos últimos veranos éramos nosotros los que lo acogíamos en casa cuando mis abuelos se iban de vacaciones. Curiosamente cuando nos lo traían venía siempre muy cantarín, pero a los pocos días dejaba de cantar y no recuperaba el ánimo hasta que lo llevábamos de vuelta a casa de mis abuelos.

Hace dos años mi abuela cayó enferma y tanto mi abuelo como Pipo dejaron de cantar, supongo que ya no había demasiados motivos para ello. Con el tiempo mi abuelo se fue olvidando del pájaro e incluso llegó a plantearse el regalarlo. Entonces llegó el sábado en que mi abuela ya no despertó, estábamos toda la familia reunida en casa esperando lo que ya sabíamos que era inevitable y, entre llantos y recuerdos, el pájaro se puso a cantar, hacía meses que no lo hacía, a todos nos pilló por sorpresa y el canto fue triste y suave, sonaba como a despedida.

Desde entonces Pipo cantaba todas las mañanas y a veces mi abuelo se animaba a acompañarle, es sorprendente la empatía que tienen los animales. Pasado un año mi abuelo también cayó enfermo y tuvo que ingresar en el hospital, así que nos trajimos el pájaro a casa y, aunque a las pocas semanas mi abuelo fue dado de alta, el canario se quedó aquí porque ya no estaba en disposición de cuidarle. Pipo, como siempre nos hacía, dejó de cantar y sólo recuperó la voz los días en que mi abuelo pudo venir a visitarnos.

Un año después de que mi abuela nos dejase mi abuelo también se marchó y desde entonces adoptamos definitivamente a Pipo y, aunque no volvió a cantar, a mí me gustaba tenerlo en casa porque al verlo me venían recuerdos de mi infancia, de Kraus, de la Verbena de la Paloma, de Marina y de La Dolorosa, de mi abuela y sobre todo de la voz de tenor de mi abuelo.

Hoy hace justo quince días que mi abuelo ya no está y me he encontrado a Pipo muerto en la jaula. Supongo que a los canarios también les gustaba mi abuelo…

Y no les culpo.

4 comentarios:

Jokin dijo...

Muy emotiva la entrada, querido Luis.

Una bonita historia.

Rous dijo...

Si, muy emotiva. Tengo una lagrimilla cayendome por la mejilla en medio del trabajo...

Lo siento Esposito :*

Marina de Luna dijo...

Totalmente de acuerdo. Mi gato gordo odia el agua, pero cuando lloro viene a hacerme mimos sin importarle mojarse.

Muá*

Anónimo dijo...

Preciosa la entrada, pequeño Mu, se nota todo el sentimiento que has puesto en ella.
¿Sabes? Yo estoy convencida de que Kraus, Pipo y tu abuelo siguen cantando, igual que mi abuela seguirá tomando sus tanques de café con leche =)
Un beso muy muy muy gordo